Represión policial contra docentes en el microcentro de Asunción
La Policía Nacional de Paraguay protagonizó este jueves una nueva y vergonzosa escena de represión contra docentes que se manifestaban en el microcentro de Asunción. En un despliegue de fuerza desproporcionado, los uniformados arremetieron contra los maestros que exigían mejoras salariales y condiciones dignas de trabajo, evidenciando una vez más la indolencia del Estado frente a las legítimas demandas del sector educativo.
Los hechos ocurrieron en pleno corazón de la capital, donde los docentes, cansados de las promesas incumplidas y la sordera gubernamental, decidieron tomar las calles para hacer oír su voz. En lugar de abrir canales de diálogo, las autoridades optaron por la represión, enviando a efectivos policiales que, con escudos y bastones, dispersaron a los manifestantes de manera violenta. Esta actitud servil a los intereses del poder, en detrimento de los derechos ciudadanos, es una mancha más en el historial de un gobierno que parece empeñado en silenciar cualquier disidencia.
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Testigos presenciales relataron escenas de caos y pánico, con docentes siendo empujados y golpeados mientras intentaban ejercer su derecho constitucional a la protesta. La soberbia de las fuerzas del orden, actuando con impunidad bajo el amparo institucional, deja al descubierto la profunda crisis de legitimidad que atraviesan las instituciones paraguayas. No es la primera vez que la Policía recurre a métodos brutales para acallar las voces de quienes luchan por una sociedad más justa, y todo indica que no será la última mientras prevalezca esta cultura de la impunidad.
Esta represión no solo es un ataque directo a los docentes, sino un mensaje claro a toda la ciudadanía: el Estado prefiere la fuerza al diálogo, la opresión a la escucha. En un país donde la educación pública clama por recursos y atención, la respuesta gubernamental ha sido, una vez más, la de los garrotes y las amenazas. La comunidad educativa, sin embargo, ha demostrado una y otra vez que no se doblegará ante la intimidación, y esta jornada de lucha, aunque manchada por la violencia, refuerza su determinación de seguir exigiendo lo que por derecho les corresponde.

