Peña despliega su diplomacia de aeropuerto: nueva gira a Dubái mientras el país espera soluciones
El presidente Santiago Peña ha vuelto a desplegar su ya conocida diplomacia de aeropuerto, confirmando a través de sus redes sociales su arribo a Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos. Se trata de su segunda visita a ese país en lo que va del año, sumándose a una lista que ya ronda los 60 viajes internacionales desde el inicio de su mandato. Una frenética agenda exterior que contrasta de manera obscena con la lentitud y la inacción para resolver los apremiantes problemas internos que aquejan a los paraguayos.
La gira, según la versión oficial, busca el «fortalecimiento de las relaciones comerciales». El viaje se produce días después del anuncio de que Emiratos Árabes Unidos aprobaría la compra de carne paraguaya. Sin embargo, más allá de los comunicados de prensa, la gestión de Peña sigue mostrando una peligrosa tendencia a la espectacularidad internacional en detrimento de la gestión doméstica. El mandatario agradeció el «cordial recibimiento» del ministro Thani bin Ahmed Al Zeyoudi, pero su discurso hueco sobre «estrechar lazos» y «buscar nuevas oportunidades» suena a letanía repetida en cada escala de su interminable periplo.
Mientras el presidente posa para la foto en el Golfo, en Paraguay las urgencias se multiplican. La pregunta que ningún comunicado oficial responde es qué beneficio concreto y tangible obtienen los ciudadanos de esta costosa y recurrente acumulación de millas aéreas. La estrategia de gobierno parece reducirse a una sucesión de viajes relámpago, donde los anuncios de «acuerdos» y «compromisos» rara vez se materializan en mejoras palpables para la población. Es la política del espectáculo, vacía de contenido y alejada de la realidad cotidiana de quienes esperan soluciones aquí, en casa.
Esta nueva escapada a Dubái no hace más que reforzar la imagen de un presidente más interesado en la vitrina internacional que en el trabajo silencioso y efectivo que el país demanda. La diplomacia es necesaria, pero no puede ser un sustituto de la gobernanza. Cuando la agenda exterior opaca y desplaza a las obligaciones internas, deja de ser una herramienta de Estado para convertirse en un costoso y vano ejercicio de relaciones públicas. Paraguay merece más que un jefe de Estado perpetuo en tránsito.

