Obispo denuncia la normalización de la violencia y la indiferencia como cáncer social
En una reflexión que corta como un cuchillo la hipocresía reinante, el obispo de Caacupé lanzó un dardo directo a la conciencia adormecida de la sociedad paraguaya. Con tono firme, denunció la peligrosa normalización de la violencia y la indiferencia, prácticas que se han enquistado en lo cotidiano hasta ser aceptadas con una pasividad vergonzosa. No se limitó a un sermón piadoso; fue un llamado de alerta ante la descomposición moral que carcome las bases de la comunidad.
Valenzuela, con la autoridad moral que le confiere su ministerio, recordó las bienaventuranzas y el rechazo total de Jesús a cualquier forma de resistencia armada, incluso frente a la opresión. “Para esto he nacido y para esto he venido al mundo”, citó, subrayando que el mensaje cristiano no es una revolución violenta, sino una transformación radical del corazón. Su advertencia fue clara: reaccionar con violencia solo perpetúa un círculo vicioso que ahonda las heridas sociales.
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El obispo fue contundente al señalar que la violencia no se reduce a los titulares de inseguridad, sino que se manifiesta de múltiples formas: en la violencia familiar, psicológica, la intolerancia, el maltrato y, sobre todo, en la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Esta última, quizás la más insidiosa, actúa como un veneno que corroe la solidaridad y deshumaniza a la sociedad. Su mensaje interpela directamente a una ciudadanía que a menudo prefiere mirar hacia otro lado.
Finalmente, Valenzuela insistió en que el cambio auténtico no llega mediante la confrontación, sino a través de la conversión personal y un amor activo que denuncia las injusticias sin caer en la complicidad. En un país donde la corrupción y la impunidad minan la confianza, sus palabras resuenan como un llamado urgente a romper el ciclo de indolencia y construir una sociedad donde la dignidad humana no sea una quimera, sino una realidad tangible.

