Médicos denuncian los siete pecados capitales del Ministerio de Salud de Peña

El Círculo Paraguayo de Médicos ha lanzado un duro y metafórico comunicado que destapa la podredumbre en el Ministerio de Salud Pública del gobierno de Santiago Peña. No se trata de simples críticas, sino de una acusación formal estructurada en siete «pecados capitales» que pintan un cuadro de gestión indolente, soberbia y corrupta bajo la ministra María Teresa Barán.
La soberbia encabeza la lista. Los galenos denuncian la «exaltación del poder formal por encima de la realidad sanitaria», ejemplificada con la inauguración de hospitales fantasma, como los de Coronel Oviedo o Encarnación, que carecen de servicios y especialistas. Le sigue la avaricia, con convenios y tercerizaciones «innecesarias y onerosas» que enriquecen a privados, como el escandaloso caso del servicio de imágenes del Hospital General Paraguay-Corea de Santa Rosa del Aguaray, donde equipos propios están en desuso mientras se paga a externos.
La pereza institucional se manifiesta en la ausencia de una política nacional de recursos humanos, dejando hospitales en Concepción o San Pedro sin especialistas. La ira del ministerio se dirige contra quienes denuncian, descalificando sin investigar las irregularidades en el manejo del Fondo Nacional de Recursos Solidarios para la Salud (Fonaress). El engaño consiste en habilitar hospitales solo en el papel, sin servicios esenciales.
La injusticia aplica estándares distintos según la población, contratando médicos generalistas para comunidades vulnerables donde se necesitan especialistas. Finalmente, la indiferencia queda expuesta con el «silencio institucional» ante casos como la miasis en una paciente del Hospital Ingavi del IPS, una renuncia tácita a proteger la dignidad del paciente.
Como única «penitencia» proporcional a esta cadena de fracasos, el Círculo de Médicos exige una intervención administrativa y de gestión del Ministerio de Salud por un órgano externo e independiente. La salud de los paraguayos no puede seguir siendo rehén de la incompetencia y la opacidad de un gobierno que prioriza la foto sobre la función.