IPS miente con stock del 90% mientras asegurados sufren desabastecimiento criminal
El Instituto de Previsión Social (IPS) se ha convertido en un monumento a la mentira institucionalizada. Mientras Martha Flor, jefa de Administración de Suministros Médicos, se atreve a afirmar que el Parque Sanitario tiene un 90% de stock, la realidad en las ventanillas de los hospitales es una bofetada de indolencia a los pacientes. Los aportantes del seguro social no solo enfrentan la falta de fármacos básicos, sino que son víctimas de una indiferencia criminal por parte de las autoridades, encabezadas por el presidente del Consejo de Administración, Jorge Brítez.
La radiografía del desabastecimiento es desoladora. En San Juan Bautista (Misiones), la farmacia local carece de incontables fármacos, y las autoridades locales, serviles a la central, se escudan en que el problema viene de arriba, donde las medicinas figuran con “saldo cero”. En Ciudad del Este, medicamentos críticos para traumatología, diabetes y cardiología son inexistentes, y el reabastecimiento, según la regente Didiana Ferreira, llegaría recién después del 11 de febrero, dejando a los pacientes en un limbo de agonía.
La crisis se extiende como una plaga. En Concepción y Villarrica, el desabastecimiento golpea principalmente a pacientes crónicos e internados, con el agravante de que los turnos para consultas ambulatorias se dilatan hasta por un mes. En Santa Rosa del Aguaray (San Pedro), un puesto sanitario que atiende a 10 mil asegurados opera en condiciones precarias, sin internación y sin ambulancia, funcionando meramente como un consultorio ambulatorio donde la falta de medicinas es un problema diario.
La contradicción entre los informes de “stock casi a tope” y las manos vacías de los asegurados no es una simple falla logística; es una gestión administrativa deficiente y una muestra de soberbia por parte de las autoridades. Los trabajadores son obligados a recurrir a farmacias privadas, pagando de su bolsillo medicamentos que ya han abonado mediante sus aportes mensuales. Esta indiferencia no solo es vergonzosa, sino que cuesta vidas, evidenciando un sistema de salud colapsado por la incompetencia y la desidia.

